
El mozo con cara de topo es muy ortodoxo con la disciplina en su trabajo, pues bajo esa línea lo capacitaron, y las reglas se hicieron para cumplirlas, le ordenaron, mientras estaba firmando el reglamento del bar, jurando lealtad ante los valores y normas que allí figuraban, y en eso no hay excepción alguna, le decían los dueños estrictos, usted me cumple usted continúa le inculcaban, acá los rebeldes y los moqueros no duran nada, se encargó de aclararle un compañero viejo, y no es que el mozo con cara de topo estuviera de acuerdo en todo, ni que sintiera orgullo por llevar esa camiseta puesta, pero sin embargo, sabía que debía adaptarse al desafío de sobrevivir, pagar el alquiler, facturas y productos de supermercado cada vez más altos, y los planes de casamiento con su amada, y todas esas cosas que se tienen en cuenta siempre antes de mandar a cagar a un jefe, por eso el mozo con cara de topo evitaba los conflictos laborales, y que pasara la jornada rápido esperaba, y aunque el episodio le parecía inmoral, insensato y complicado de enfrentar, juntó coraje, porque era hacerlo o hacerlo, entonces encaró a la mesa que da contra la ventana, y con la mayor educación posible, le dijo a una señora que amantaba a su bebé, “disculpe, pero le voy a pedir, si no es mucha molestia, que deje de darle leche materna a su hijo, porque como manda aquí el reglamento, está terminantemente prohibido que los clientes consuman alimentos o bebidas adquiridas fuera de este local”, y le contestaron de todo, te imaginarás, por defender al pie de la letra las leyes, al mozo cara de topo, la señora y el marido y la suegra lo putearon una bocha, el niño en cambio no, el niño sólo le balbuceaba.
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