
Te confieso que a mí también me daba mucha incertidumbre y un poco de asco de sólo imaginarlo, y que ya me daba cosita la desconfianza, caminaba por el salón y el tipo desde la mesa me llamaba, y se quejaba de su plato, porque según él la carne estaba demasiado seca, “para suelas ya están los zapatos nene” me ironizaba, a mí mucho no me importaba su problema, pero me venía como anillo al dedo, porque te soy sincero, ni siquiera me cayó bien la forma en que me lo reclamó, no el reclamo sino la forma, pero bueno, a mí este acto me daba la tajada perfecta para iniciar mi proyecto de investigación, así que entré haciéndome el enojado a la cocina, y le dije al Pelado que el gil de la diecisiete reclamaba que su plato estaba quemado, y que el cocinero era un inútil que no servía para nada, y al mismo tiempo veía como al Pelado se le relinchaban los dientes y se amotinaba, yo le dije arreglalo que ya vuelvo a buscarlo, pero era mentira, daba la vuelta y me escondía atrás de la heladera, y de a poquito y con cuidado lo espiaba, porque mi intención desde un principio era averiguar si los cocineros escupen los platos que vuelven para vengarse de los clientes que los critican, y yo seré flor de chismoso, pero jamás buchón, así que por ende me guardo el secreto.
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