domingo, 25 de octubre de 2009

La degustación


Corría la vitrina expectante porque el vino elegido era reserva, un cabernet mendocino,
jamás pude probarlo, -debe ser exquisito- fantaseaba, y me sentía compenetrado y comprometido, porque no todas las noches se abre un vino así, ni tampoco en cualquier ocasión corriente, es más, hasta me fui para atrás a fajinar los copones, porque servir semejante vino en copa chica es un insulto, y una marquita de grasa imperdonable, y después pasarle la gamuza a la botella hasta lustrarla, y me arremagué la camisa, me acomodé el moño, y me dirigí con mi mejor postal a la mesa, yo de vinos no sé un pomo, pero nada podía estar descoordinado en una velada tan sofisticada, así que me le presenté formalmente a la pareja, lo miré al señor y le saqué a relucir el flamante ejemplar, se lo mostraba como si fuese mi primer hijo recién nacido, a lo que asintió conforme con la mirada , y descorché quirúrgicamente, el corcho se deslizó como con vaselina, cero ruidito, y lo serví despacito, en un fino hilito morado, y le pedí al mister que lo probara, él hizo bailar la copa, lo inhalo profundo, lo llevó con sutileza al paladar, y yo mientras le decía la lección que me había memorizado, “cosecha especial dosmilcinco, edición limitada”, pero el tipo dudaba, y dudaba, y terminó opinando que “sí…pero le falta”, y ante esa sentencia inesperada yo quedé regalado, pero no podía quedarme atrás con el discurso, así que agregué “además señor, posee color rubí intenso, con fuertes aromas a moras, fresas y vainilla, y un delicado reposo en madera roble”, pero no había caso, el tipo insistía con un “le falta…macho”, y yo sin más que jugar el último verso que quedaba, le rematé con un “ fijese que es un excelente vino, con agradable presencia y redonda terminación en boca”, pero el tipo seguía y seguía con el “sí, pero a esto le falta…”, y dale con el le falta, la puta madre, y llega un momento en el que uno se cansa, así que le pregunté de una vez por todas, bueno ya señor… ¿me puede decir que le falta? – Sí, claro, repondió con soltura, le falta… Prity.

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