
Y esta mañana explotó don Víctor, y me aclaró cada detalle de mi persona que se le cantó, que soy un inútil, un bobi, un bueno para nada, ineficiente, caradura, sinverguenza, borracho, que le tengo las pelotas llenas, que me banca y me banca, y ya está podrido de eso, que no le pongo huevos, que no sabe en qué mierda estaba pensando cuando me tomó, que hasta su abuela en tacos lo haría mejor, que a esta altura de la vida ya no tiene ganas de renegar con pendejos como yo, que hago puras cagadas, que siempre llego tarde, que soy irresponsable, y que puede hacerse el boludo pero no lo es, y que yo le tomo como tal, que me da la mano y le agarro del codo, y prosigue el sermón, pero hasta cuando, que me vaya poniendo las pilas de una vez por todas, por lo menos en las horas que me está pagando, porque sino él va a tener que tomar algún tipo de medida, y no quiere llegar a esa determinación, que hasta acá llegó su paciencia, y yo lo entiendo a don Víctor, por eso le pedí que se tranquilice, que le estoy pidiendo perdón, porque que yo sepa no lo hice a propósito, no era mi intención equivocarme, simplemente me distraje un segundo, me colgué un poquito bah, y le entendí todo mal, cuando me mandó a comprar dos kilos de pechuga y le traje por error dos de lechuga.
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