domingo, 25 de octubre de 2009

El servicio


Desde que descubrí que mi verdadera vocación era ser mozo, es que asumí que mi deber era servir a desconocidos, a estar atento a las señales de los pedigüeños, a concurrir a recibir sus mandados, que son muy frecuentes, y es natural, pero el caballero de la mesa cuadrada la verdad que un poco me enfada con sus pedidos exclusivos, que se yo, todo esto sucede desde que nos conocimos, y lo que en principio me pareció un trato raro, terminó por serme habitual, y me acostumbré, qué queres que te diga, el caballero tiene una extraña exigencia, quiere que cada parte de mi cuerpo le brinde servicio, por eso me solicita cosas insólitas como “alcanzame el diario, pero con las orejas”, y yo me pongo la sección principal en la izquierda, y la de deportes en la derecha, y se las llevo como puedo, o también me pide que estire los brazos como espantapájaros, y los usa como perchero para colgar saco y bufanda, y la lista continúa, porque me manda a que le presté las rodillas, y así apoyar sus zapatos y atarse los cordones, y eso no es todo, lo más fatigoso es hacerme poner en cuatro patas, y usar mi espalda como mesita para apoyar su notebook, y te puedo seguir enumerando, porque me dice “haceme el favor, cortate un dedo, lo quiero usar como grisín”,y achurármelo, dárselo, fue fuerte, se me bajó la tensión, y encima sigue cebado, y me encarga bajar el aire acondicionado con la nariz, y no hay caso, me cuesta un toco embocarle a la tecla indicada con el naso, pero presiento que mi recompensa está al caer, y no es que yo sea un masoquista ni que quiera reventar, lo cierto es que estoy dispuesto a resistir un poco más, puesto que cada vez son menos las partes de mi cuerpo que le quedan por estrenar, y ojalá me ordene lo que tanto estoy esperando, que me pida que use mis labios para besar a su esposa, que me encanta, porque nunca me pide nada y es hermosa.

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