
Me tranquilicé un poco más desde que encendiste el cigarrillo, y mucho más ahora que te metiste en la boca el chicle y me concentro en ver como lo masticas, y también me calma saber que estamos sentados en distinto sillón, y desde luego que se haya acercado este sujeto extraño a conversarnos porque, te confieso, me quita toda la tensión que significa, para mí, la disyuntiva de tener muchas ganas de besarte otra vez, y al mismo tiempo no animarme, por temor a que me vuelvas a morder descaradamente, como lo hiciste recién, che gorda cachonda.
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