domingo, 25 de octubre de 2009


Prólogo


Los textos e ilustraciones que conforman esta obra fueron hechos íntegramente por Pablo Iván.
Colaboraron amablemente en su producción personajes notables como Fer Belzagui, José Plur, Magali, León, Pieper, entre otros.
Momentos en el Bar reconoce a Topi por su imprescindible aporte intelectual.

Las siguientes páginas son un homenaje merecido a todos los mozos de oficio, especialmente a los más experimentados, esos canosos y panzones, que son una raza en extinción hoy en día.

Proyecto parido en B° Güemes, Córdoba, 2009. Editado por La Tía producciones. Primera edición libro objeto agotada. Actualmente disponible en papel.

Aclaración importante: los textos están ordenados del mismo modo que el libro. Para poder leer todos los cuentos es necesario ir avanzando haciendo clic en la opción "entradas antiguas".




La sorpresa


Me era imposible acudir más ágil a verificar tu servicio Fabio, perdoname, es que estaba descorchando el vino un poco más allá, pero igual quiero que sepas que te miraba de reojo, y me tenías algo preocupado, porque era evidente que te pasaba algo ajeno, estabas pálido vos, y además yo te conozco, no digo que somos amigos pero nos saludamos casi todos los días, viste, y hablamos minutos de fútbol y de minas y de pavadas, y vos tenés buena labia Fabio, no sos ningún inexpresivo, y menos que menos tartamudo, por eso era rarísimo que estuvieras tartamudeando, atragantado pero con la boca sin comida, desesperado por no poder pronunciar, y nada capo, no te salía ni un si, ni no, ni uno, ni dos, ni do, re, mi, no soltabas ni una sola palabrita corta, nada más eran sonidos que yo no podía descifrar desde el otro lado del salón, escuchaba como un n-n-n-n-n…n-n-nn-n-n...nnn-nn…, y tus ojos tan estresados, de pura perplejidad nomás, cuánta cara de shockeado que tenías, no hacías otra cosa que concentrarle la mirada al plato, y ese n-n-n-n-n…, constante e insoportable que te tenía poseído, y yo ya no me aguantaba más, te juro, quería acercarme a tu mesa con urgencia, a preguntarte si necesitabas algo, si te podía ayudar en algo, cualquier cosa, traerte una panera, llevarme la botella vacía, o lo que fuere, y cuando al fin llegué, destrabé tu rostro que seguía apegado al plato, y no pude más que quedar sorprendido yo también, tal vez era un “¡¡¡no lo puedo creer…!!!” lo que tratabas de decir, y no era para menos, porque ese bife que ordenaste no era carne mi viejo, sino un pedazo de vaca vivo, un pedazo de vaca cagado de hambre, que te estaba morfando toda la guarnición.

La confesión


Y esta mañana explotó don Víctor, y me aclaró cada detalle de mi persona que se le cantó, que soy un inútil, un bobi, un bueno para nada, ineficiente, caradura, sinverguenza, borracho, que le tengo las pelotas llenas, que me banca y me banca, y ya está podrido de eso, que no le pongo huevos, que no sabe en qué mierda estaba pensando cuando me tomó, que hasta su abuela en tacos lo haría mejor, que a esta altura de la vida ya no tiene ganas de renegar con pendejos como yo, que hago puras cagadas, que siempre llego tarde, que soy irresponsable, y que puede hacerse el boludo pero no lo es, y que yo le tomo como tal, que me da la mano y le agarro del codo, y prosigue el sermón, pero hasta cuando, que me vaya poniendo las pilas de una vez por todas, por lo menos en las horas que me está pagando, porque sino él va a tener que tomar algún tipo de medida, y no quiere llegar a esa determinación, que hasta acá llegó su paciencia, y yo lo entiendo a don Víctor, por eso le pedí que se tranquilice, que le estoy pidiendo perdón, porque que yo sepa no lo hice a propósito, no era mi intención equivocarme, simplemente me distraje un segundo, me colgué un poquito bah, y le entendí todo mal, cuando me mandó a comprar dos kilos de pechuga y le traje por error dos de lechuga.

El servicio


Desde que descubrí que mi verdadera vocación era ser mozo, es que asumí que mi deber era servir a desconocidos, a estar atento a las señales de los pedigüeños, a concurrir a recibir sus mandados, que son muy frecuentes, y es natural, pero el caballero de la mesa cuadrada la verdad que un poco me enfada con sus pedidos exclusivos, que se yo, todo esto sucede desde que nos conocimos, y lo que en principio me pareció un trato raro, terminó por serme habitual, y me acostumbré, qué queres que te diga, el caballero tiene una extraña exigencia, quiere que cada parte de mi cuerpo le brinde servicio, por eso me solicita cosas insólitas como “alcanzame el diario, pero con las orejas”, y yo me pongo la sección principal en la izquierda, y la de deportes en la derecha, y se las llevo como puedo, o también me pide que estire los brazos como espantapájaros, y los usa como perchero para colgar saco y bufanda, y la lista continúa, porque me manda a que le presté las rodillas, y así apoyar sus zapatos y atarse los cordones, y eso no es todo, lo más fatigoso es hacerme poner en cuatro patas, y usar mi espalda como mesita para apoyar su notebook, y te puedo seguir enumerando, porque me dice “haceme el favor, cortate un dedo, lo quiero usar como grisín”,y achurármelo, dárselo, fue fuerte, se me bajó la tensión, y encima sigue cebado, y me encarga bajar el aire acondicionado con la nariz, y no hay caso, me cuesta un toco embocarle a la tecla indicada con el naso, pero presiento que mi recompensa está al caer, y no es que yo sea un masoquista ni que quiera reventar, lo cierto es que estoy dispuesto a resistir un poco más, puesto que cada vez son menos las partes de mi cuerpo que le quedan por estrenar, y ojalá me ordene lo que tanto estoy esperando, que me pida que use mis labios para besar a su esposa, que me encanta, porque nunca me pide nada y es hermosa.

La duda


Te confieso que a mí también me daba mucha incertidumbre y un poco de asco de sólo imaginarlo, y que ya me daba cosita la desconfianza, caminaba por el salón y el tipo desde la mesa me llamaba, y se quejaba de su plato, porque según él la carne estaba demasiado seca, “para suelas ya están los zapatos nene” me ironizaba, a mí mucho no me importaba su problema, pero me venía como anillo al dedo, porque te soy sincero, ni siquiera me cayó bien la forma en que me lo reclamó, no el reclamo sino la forma, pero bueno, a mí este acto me daba la tajada perfecta para iniciar mi proyecto de investigación, así que entré haciéndome el enojado a la cocina, y le dije al Pelado que el gil de la diecisiete reclamaba que su plato estaba quemado, y que el cocinero era un inútil que no servía para nada, y al mismo tiempo veía como al Pelado se le relinchaban los dientes y se amotinaba, yo le dije arreglalo que ya vuelvo a buscarlo, pero era mentira, daba la vuelta y me escondía atrás de la heladera, y de a poquito y con cuidado lo espiaba, porque mi intención desde un principio era averiguar si los cocineros escupen los platos que vuelven para vengarse de los clientes que los critican, y yo seré flor de chismoso, pero jamás buchón, así que por ende me guardo el secreto.

El cliente


Pero mirá lo bueno que está, dijo la recepcionista mientras lo miraba al pasar, es un divino, encima con la elegancia que se viste, y su perfume tan singular, y sus modales refinados, por Dios, mirá lo bien que le queda ese peinado, mirá esos brazos, esa cola, y además su seguridad para caminar, parece como salido de alguna película de Hollywood, o de algún otro planeta lejano, y que me decís de esa sonrisa, que dientes perfectos, de seguro es por lo bien que se alimenta , bomboncito, porque no sé si te fijaste el buen gusto que tiene, siempre comiendo salmón rosado, y bebiendo champaña, que pedazo de hombre, sin dudas el príncipe azul que todas soñamos, sí, es todo lo que vos quieras, interrumpió a secas la camarera, pero es una rata que no deja nunca ni dos pesos de propina.

El pibe




Allí está el pibe de la calle, sentado sobre el cordón en la vereda del bar, anoche durmió en la seccional, los señores que votamos Zucaritas van desayunar,“No tienen remedio” dice una señora al paso, sin saber que por desgracia su destino es deambular, a la casa no puede ir, pues su padre lo golpeará, lleva a cuestas la pureza de sus sentimientos, y la maldad de quien le entrega una bolsa de pegamento, cansada está su infancia perdida en su llanto espeso, imagina que lo llevan a pasear a una linda calesita, donde al fin será feliz y podrá jugar, donde no tendrá que trabajar para quien roba sus moneditas, allí está el pibe de la calle, pasa por mi mesa, manguea una porción de pizza y me vende una caja de curitas, las uso en mi corazón, allí está el pibe de la calle, antes de dormir imaginará nuevamente, que las luces de colores se encienden y la música es alegre, que mientras gira y gira se va galopando sobre un caballito sonriente, y que estará preparado por si algún día le llega la suerte, de poder atrapar con ternura la sortija de su ilusión.

La degustación


Corría la vitrina expectante porque el vino elegido era reserva, un cabernet mendocino,
jamás pude probarlo, -debe ser exquisito- fantaseaba, y me sentía compenetrado y comprometido, porque no todas las noches se abre un vino así, ni tampoco en cualquier ocasión corriente, es más, hasta me fui para atrás a fajinar los copones, porque servir semejante vino en copa chica es un insulto, y una marquita de grasa imperdonable, y después pasarle la gamuza a la botella hasta lustrarla, y me arremagué la camisa, me acomodé el moño, y me dirigí con mi mejor postal a la mesa, yo de vinos no sé un pomo, pero nada podía estar descoordinado en una velada tan sofisticada, así que me le presenté formalmente a la pareja, lo miré al señor y le saqué a relucir el flamante ejemplar, se lo mostraba como si fuese mi primer hijo recién nacido, a lo que asintió conforme con la mirada , y descorché quirúrgicamente, el corcho se deslizó como con vaselina, cero ruidito, y lo serví despacito, en un fino hilito morado, y le pedí al mister que lo probara, él hizo bailar la copa, lo inhalo profundo, lo llevó con sutileza al paladar, y yo mientras le decía la lección que me había memorizado, “cosecha especial dosmilcinco, edición limitada”, pero el tipo dudaba, y dudaba, y terminó opinando que “sí…pero le falta”, y ante esa sentencia inesperada yo quedé regalado, pero no podía quedarme atrás con el discurso, así que agregué “además señor, posee color rubí intenso, con fuertes aromas a moras, fresas y vainilla, y un delicado reposo en madera roble”, pero no había caso, el tipo insistía con un “le falta…macho”, y yo sin más que jugar el último verso que quedaba, le rematé con un “ fijese que es un excelente vino, con agradable presencia y redonda terminación en boca”, pero el tipo seguía y seguía con el “sí, pero a esto le falta…”, y dale con el le falta, la puta madre, y llega un momento en el que uno se cansa, así que le pregunté de una vez por todas, bueno ya señor… ¿me puede decir que le falta? – Sí, claro, repondió con soltura, le falta… Prity.

La catarsis


Ya lleva varios días quejándose de lo mismo el Doctor, lo oí hoy mismo rezongar otra vez que está cansado de que el conejo le refriegue la guita en la cara, y yo no soy tan delirante como para pensar que un conejo puede tener la necesidad de refregarle la guita en la cara a un ser humano, indudablemente hay un amo detrás, que ha sabido amaestrar a su mascota para que ejecute a la perfección un acto tan cruel, sí, debe de ser un señor muy elegante, que visita diariamente al Doctor, y al saludarlo se quita el sombrero, abriendo el telón para que su conejo salga y comience con el número, de tomar muchos billetes y masajéaselos en el rostro al pobre Doctor hasta humillarlo, sí, sin dudas es eso, el conejo no tiene el morbo , solo actúa conforme a cómo se lo ha enseñado, así que siento que por ahora no me queda otra alternativa que comprenderlo al Doctor, porque lo cierto es que desde que le pasa lo del conejo siempre se ha desquitado conmigo, y cuando en el menú hay ensalada me pide puré, y cuando hay puré me pide ensalada, y así se descarga el Doctor.

La confesión II


Es que no supe más qué decirte a partir de eso, ni siquiera sé muy bien como sucedió, yo creo que estaba pasando la rejilla en alguna parte, o algo así, y no es que sea sordo, o que me fabule esta clase de cosas, no es que quiera justificar mi equivocación, pero considerá que la música estaba fuerte en el local, y por ahí uno puede llegar a malinterpretar un pedido, no sé, en realidad yo te tenía vista desde que te sentaste, y si sigo pasando a tu lado, quiero que sepas que es por trabajo, porque yo sigo trabajando acá, llevando y trayendo con la bandeja, y te juró que cuando oí que desde tu mesa me decías sos hermoso, en ese momento me fui al cielo, porque no digo que estoy enamorado, pero me gustas, me gustas desde que te vi por primera vez ese viernes, tal vez ni te acuerdes de esa noche, pero lo cierto es que fue en ese preciso instante en que me confesabas sos hermoso, y yo me daba vuelta y me acercaba despacio, ilusionado, y porque a veces no puedo con mi timidez te respondía como un tonto con un ¿Cómo decís …?, y me repetías de nuevo ¿sos el mozo?, pregunté que si sos el mozo, y ahí se me derrumbó todo, me caí a pedazos, porque no era una confesión de amor sino una confusión, yo sólo te había escuchado mal.


Los requisitos

Anabela Laura Conde Esquivel del Padro nació en cuna de oro y vivía en un palacio, y se ve que desde niña tenía inquietudes sobre su porvenir, porque una noche antes de dormir le preguntó a su madre, “madre, ¿que voy a ser cuando sea grande?”, y ésta le contestó segura “vas a ser una princesa, y te vas a casar con un caballero buen mozo”, luego apagó la luz y deliberó largas noches con su sueño, y pasaron los cumpleaños, los shoppings y los colegios privados, y sin embargo no aparecía nadie , hasta que siendo ya una dulce dama salió un sábado con amigas a tomar algo, y allí Cachito se flechó apenas la vio ingresar al bar, se puso tan inquieto que se le resbaló la bandeja, desde entonces la agasajó con total alegría, la ubicó en la mesa más vistosa, le quitó el abrigo y lo colgó en un respaldar, le abrió paso a la silla para que se sentara cómoda, le recogió el tenedor del suelo apenas se le cayó y se lo cambió por uno limpio, le sirvió la gaseosa como a ella le gusta, con dos cubitos de hielo, le agregó queso extra a su pasta, le ofrendó un piropo delicado a la hora servir el postre, y casi sin darse cuenta, con el correr de la cena Anabela se enamoró perdidamente de Cachito , de su bigote, de su moño, de su sonrisa, de su amabilidad, de su voz, y tanto así fue, que una tarde a la hora del té lo llevó hasta el palacio, y luego de cruzar doce puertas se lo presentó a su madre, “madre, él es Cachito, el hombre del que me he enamorado, y ten en cuenta que cumple con los requisitos que alguna vez mencionaste, pues es todo un caballero y además es un muy buen mozo”, y mientras tomaba de la mano a su prometida, Cachito observaba como enloquecía la vieja, que a los alaridos le ordenaba a su mucama más cercana que le trajera las píldoras calmantes, y se ponía a rezar el rosario entero, implorando para que no apareciese de repente su marido , Lord Conde Esquivel del Padro, que es muy propenso a los infartos en esta clase de disgustos familiares.

Las reglas




El mozo con cara de topo es muy ortodoxo con la disciplina en su trabajo, pues bajo esa línea lo capacitaron, y las reglas se hicieron para cumplirlas, le ordenaron, mientras estaba firmando el reglamento del bar, jurando lealtad ante los valores y normas que allí figuraban, y en eso no hay excepción alguna, le decían los dueños estrictos, usted me cumple usted continúa le inculcaban, acá los rebeldes y los moqueros no duran nada, se encargó de aclararle un compañero viejo, y no es que el mozo con cara de topo estuviera de acuerdo en todo, ni que sintiera orgullo por llevar esa camiseta puesta, pero sin embargo, sabía que debía adaptarse al desafío de sobrevivir, pagar el alquiler, facturas y productos de supermercado cada vez más altos, y los planes de casamiento con su amada, y todas esas cosas que se tienen en cuenta siempre antes de mandar a cagar a un jefe, por eso el mozo con cara de topo evitaba los conflictos laborales, y que pasara la jornada rápido esperaba, y aunque el episodio le parecía inmoral, insensato y complicado de enfrentar, juntó coraje, porque era hacerlo o hacerlo, entonces encaró a la mesa que da contra la ventana, y con la mayor educación posible, le dijo a una señora que amantaba a su bebé, “disculpe, pero le voy a pedir, si no es mucha molestia, que deje de darle leche materna a su hijo, porque como manda aquí el reglamento, está terminantemente prohibido que los clientes consuman alimentos o bebidas adquiridas fuera de este local”, y le contestaron de todo, te imaginarás, por defender al pie de la letra las leyes, al mozo cara de topo, la señora y el marido y la suegra lo putearon una bocha, el niño en cambio no, el niño sólo le balbuceaba.

El miedo


Me tranquilicé un poco más desde que encendiste el cigarrillo, y mucho más ahora que te metiste en la boca el chicle y me concentro en ver como lo masticas, y también me calma saber que estamos sentados en distinto sillón, y desde luego que se haya acercado este sujeto extraño a conversarnos porque, te confieso, me quita toda la tensión que significa, para mí, la disyuntiva de tener muchas ganas de besarte otra vez, y al mismo tiempo no animarme, por temor a que me vuelvas a morder descaradamente, como lo hiciste recién, che gorda cachonda.

La viveza



La sociedad no te va a exigir ningún don si te tocó en el reparto nacer con un nombre común y corriente, por lo que Juan Perez dormía con la conciencia tranquila, sin sentir la presión de tener que lamer las mieles del éxito, entonces cada mañana iba despeinado y sin lavarse la cara a comprar al almacén de enfrente, y trabajaba de mozo en un bar de barrio, pero su vida cambió increíblemente el día en el que se levanto lúcido, y se avivó de registrar su nombre a “su nombre”, y cobrar los derechos de autor por cada perejil que se llamaba como él, con lo que instantáneamente se hizo asquerosamente rico, “lo primero que me avispé era que levantando una baldosa, tenía la misma probabilidad de hallar una lombriz, un bicho bolita o un Juan Perez”, le declaraba a una prensa excitada, mientras juraba que no lo hacía sólo por la guita, sino también para elevar el status de “un nombre tan devaluado”, y la noticia recorría todo el mundo globalizado, y que más daba, si a partir de esta ingeniosa tramoya Juan Peréz pasaba de mozo a convertirse en el Peréz más adinerado y famoso del planeta ya que, según las últimas encuestas oficiales, desplazaba al segundo lugar al popular magnate de la industria dental, mejor conocido como el “Ratón” Pérez, y yo algo nervioso me presentaba, “Pedro Pescante de Radio Pandora”, y paralelamente le acercaba el micrófono a Juan, y le preguntaba acerca del futuro destino de su inmensa fortuna, mientras Atilio Cuervo, el flamante abogado de la familia, se adelantaba en despejarme la duda: “la heredarán sus hijos, Ricardo y Alberto, que por el simple hecho de no llamarse Juan se encuentran exentos de pagarle este curro a su padre”.

La cuenta


No le alcanzó ni con la entrada, ni con el principal, ni con el postre, ni con el café, al gordo se le había fugado el chip de la saciedad, y seguía ordenando comida, y nosotros seguíamos desfilando, propuso que le trajeran la tarta de pera, “¿una porción?” indagó la moza, “no, la quiero entera y agréguenle mayonesa” prefirió el troglodita, y ya desvariando movía sus deditos señalando que lo atendieran nuevamente, esta vez mediante sistema de señas, porque no podía con la lengua, pedía la parrilla entera, con todo lo que había en ella, o eso le entendieron, porque la pusieron sobre un caballete y se la dejaron al lado de la mesa, y se alejaron presurosos, ya premonizando lo peor, unos aferrándose con disimulo a los matafuegos, y otros tapándose los oídos, escucharon el ¡boooooom! estruendoso, el gordo había explotado, e instantáneamente los dueños dramatizando porque nadie les iba a pagar la cuenta, y especulando con la presencia de algún familiar directo que pudiera hacerse cargo del tremendo consumo, y los encargados desesperados mandando a los mozos a que juntaran cada pedacito del obeso despilfarrado, para poder reanimarlo y así cobrarle, y los más obedientes acatando y corriendo con las escobas y las palas, mientras los más traviesos aprovechaban la confusión para ir al fondo a beber vinos finos y champagne francés, y comer salmón rosado, medallones de lomo, jamón crudo, rabas, lemon pie, y todas esas cosas que los dueños nunca les convidaban.

La suerte




Se torna algo salvaje que en un bar haya solamente siete u ocho personas, y que sean todos hombres, hombres completamente borrachos, porque el reloj pasa y las copas se vacían, y a veces los roces son inevitables, y en el baño dos que se encuentran y se desconocen, uno se come una terrible trompada, y el otro huye de inmediato, mientras el golpeado sangra y tiene un diente flojo, y está muy alterado, anda de paso por la ciudad, un sapo de otro pozo, y empieza a decir que quiere ir al hotel a buscar el fierro que está guardado en el bolso, para volver y ajusticiarlo, pero los amigos lo rescatan, lo hacen entrar en razón, y diga que el tipo tiene la suerte de tener amigos de buen corazón, porque de estar solo en la vida, de seguro engrosa la lista de los que cronican los diarios.

El negocio




Quiero dejarte una cosa en claro grillo, y a ver si nos entendemos, ¿te querés quedar a vivir en el baño de mi bar?, pues bien, es hora de que aprendas a ganarte la hierba de cada día omnívoro desconsiderado, o ¿qué te hace tan privilegiado?, si viene al asunto esta casa se reserva el derecho de admisión, y jamás toleré trabajar con bichos, sino pregúntale a las cucarachas; podés aducir que son asquerosas, y chocolate por la noticia, pero que yo sepa vos no entraste acá con referencias confiables , y mucho menos me presentaste un carnet de sanidad, y en este tema ya tengo bastantes malas experiencias eh, no creas que sos el primer bicho inofensivo que usurpa las instalaciones, he corrido a escobazos a montones de insectos vagabundos, y sino preguntale a las arañas, como les fue con el plumero, aisladas incrédulas, como si no las fuera a alcanzar, y te aclaro que tenían a priori más puntos a favor de los que enseña tu currículum, por lo menos tejían sus camas, y eran discretas con mis clientes, y colaboraban exterminando alguna que otra mosca, pero en tu cuestión, ¿qué tenes a favor que justifique la estadía gratuita?, cantás, es un buen perfil, y debo reconocer que te sobra talento, pero no puede ser que cada vez que entre al baño te calles, si te quedas en silencio cada vez que te quiero entrevistar, ¿me querés decir qué vamos hacer con todo el público?, por favor, ¡acaso no leés los diarios vos!, “escarabajo drogado violó a hormiga” titularon hoy, ¡acaso querés volver al caos de las alcantarillas inseguras!, ¿eso querés?, dale pavote, no seas tímido, sé que por naturaleza sólo entonas para seducir a las hembras, pero hace la excepción, cantame algún cover, tengo un plan estupendo que no nos puede fallar, esta es la gran oportunidad de triunfar, vos mi artista y yo tu representante, sobre una etiqueta de cigarros te armo un coqueto escenario en la barra, y largamos con los jueves musicales en vivo.

El dilema














Y ya estábamos listos para irnos, entonces yo le pedí la cuenta al mozo, y le dije que me cobrara por separado, si nos hacía el favor, y Lucas exclamaba ¡pero no…yo invito!, y yo pensaba que me vendría muy bien porque siempre estoy sin un mango a esta altura del mes, pero le dije que no, que por favor no, que no se tomará esa molestia, y Lucas decía que era un placer para él invitar la cena, yo pensaba que dale, que me encantaba la idea de no poner nada de plata, pero que tenía que hacerme la dura un poco más, para no tener que mostrar la hilacha, así que le refutaba con un no, en serio que no, pero ya bastante más livianito que el no anterior, y Lucas me miraba y me guiñaba el ojo, y me ablandaba su sonrisa, y luego fruncía el ceño como sobreactuando, y me decía con total naturalidad, que pagaba él y no se hablaba más del asunto, a esa altura yo pensaba que me daba alivio que se diera todo así, de que Lucas pagara, de que yo siguiera con los treinta pesos en mi bolsillo, y además conservado la reputación, claro, y le decía que buenas noches al mozo, y al salir del bar pensaba en que el próximo dilema era como se iba a pagar el turno en el hotel, allí seguro se iba a dar la misma situación incómoda, él ofreciéndose a pagar solo, y yo pensando en que quisiera que así sea, pero diciendo unos segundos después que paguemos mitad y mitad, y sin embargo, ahora mismo pienso que debo relajarme y gozar, que todavía para eso faltan un par de horas, mientras le digo a Lucas de lo mucho que estoy disfrutando la noche.